Portugal, el retorno. El día en que mi moto conoció el Atlántico.

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Mucho sabemos, los españoles, de nuestros vecinos del norte. Hemos ido a Disneyland París, o a Normandía y, el que más y el que menos, se ha tomado una cerveza en Brujas o un café (con Sacher-torte!!!) en Viena… Pero, ¿y Portugal?

Algunos conocen Lisboa, yo aún no; o Sintra y su castillo (igual por Discovery Chanel :) ). Pero si nos preguntan ¿qué más? pocos españolitos seremos capaces de nombrar una sierra donde, según se narraba en Moby-Dick, en sus lagos, a gran altitud, aparecían restos de naufragios ocurridos en el mar… O, sencillamente, recordar algún pequeño y recóndito pueblo- en un valle todo flores y verde- en el que nos hayamos tomado un café, escuchando fados en directo, a los pies de un hermoso castillo… Sobre todo, si cerca no hay una playa…. :D

Es curioso como, geográficamente, España abraza a Portugal cuando la realidad de sus habitantes, al menos la de muchos españoles, es bien distinta.
Hasta hace poco, ni siquiera había Street View en la práctica totalidad del territorio luso. Sí, aparecía Lisboa, pero poco más (lástima, ya sí)… Más de una vez, me he encontrado, oteando desde una vista virtual generada por el omnipotente Google, intentando adivinar qué había tras la frontera de aquella pequeña carretera española, que “moría” en Portugal… En cierto modo, siempre me recordaba al “A partir de aquí, monstruos” que aparecía en las antiguas cartas marinas del Océano Atlántico.

Por todo esto, Portugal es la perfecta aventura para padres (o madres) de familia con inquietudes aventurero-moteras… De esos que no se van a ir a dar la vuelta al mundo en moto porque les ha pillado “tarde” y con otras muchas responsabilidades y devociones a las que si no atendieran, ya no serían ellos mismos. Pero, al mismo tiempo, rejuvenecen un poco cada vez que, por un día, fin de semana, pueden levantarse antes que el sol y, con el ritual habitual, arrancar la moto y salir, a hacer muchos kilómetros, mientras los vecinos duermen. Algunos de ellos pensarán, al oír el motor en el silencio nocturno, “con lo bien que se está en la cama…”… Ellos se pierden los fados y tu aventura particular… ;)
Viajar a Portugal consigue acelerarme el pulso, desde varios días antes de emprender la ruta. ¿Se le puede pedir algo más a una salida en moto? :)

Me levanto a las 6:30, harto de dar vueltas en la cama. Dudo si coger la cazadora de verano, ya que pronostican 30º para el medio día. Finalmente, después de asomarme a la calle, decido que los más de 170 kms de autovía, de noche, van a ser un poco duros con la cazadora de verano y agarro la de invierno, sin forro térmico, eso sí, y el pantalón de cordura. Arranco la moto y salgo a la carretera…

El tráfico es escaso. Alguna gente que vuelve de la juerga nocturna del viernes y algunos que van al trabajo en sábado. Los primeros, si vuelven a esta hora, tienen ya pocas ganas de molestar y los segundos, pues tampoco :)

Negociadas las rondas y vías de salida habituales en las grandes urbes, me interno en la noche de la autovía, hacia Huelva, acompañado sólo por la agradable luminosidad del cuadro digital (a otros no les gusta el tono anaranjado, a mí sí). Por los retrovisores, veo como me persigue, inexorable, el amanecer…

Cubro la distancia hasta la última gasolinera en España y, allí mismo, aprovecho para llenar los depósitos con gasolina y tostada con jamón, más cafelito (PULSAR EN LAS FOTOS PARA VERLAS CORRECTAMENTE)

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Ya repuestos, moto y motero, emprendo de nuevo camino y cruzo el precioso puente sobre el Guadiana.

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El Algarve nos da la bienvenida.

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Salgo de la autopista de peaje y enfilo la IC27 hacia el norte, dirección Mertola (me encanta ese pueblo!). Continúo hasta la salida que lleva a Almodovar. La N124 me recibe con los habituales doseles arbóreos portugueses, recortados por los camiones en las copas de los árboles que se unen sobre la carretera, y por una niebla prima hermana del histórico pure de guisantes londinense… El resultado es irreal y húmedo… Muy húmedo… La moto chorrea agua… Menos mal que no elegí la chaqueta de verano! Los paramanos y los puños calefactables hacen mucho más agradable el camino… Sólo me falta una pantalla más alta… Todo se andará!

A ratos, parece que me encuentro dentro de un bote de Vicks-Vaporub, entre la niebla y los centenares de eucaliptos… :D

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Recorro un rosario de pueblos que son como pequeñas joyas blanco-azuladas salpicadas del verde de la frondosa vegetación.

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Camino a Monchique, la carretera se vuelve sinuosa.

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Dentro del pueblo, encuentro un desvío que indica “Estaçao Radar” y allí me voy… Como resultado, llego a un mirador, frente al Altlántico, de los que quitan el hipo. Una estación de radar de la Força Aérea Portuguesa y montones de enormes antenas pueblan el lugar. Las vistas de las ciudades de Portimao, Lagos y del Océano son de las que no se olvidan fácilmente.

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Bastante público portugués se da cita en los miradores…

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Animado por el paisaje, emprendo de nuevo la marcha en dirección a Aljezur. El GPS decide pasearme por una carretera apta solo para motos o coches muy pequeños y con el firme en muy mal estado, pero con un telón de fondo inmejorable.

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Aljezur es un pueblo que parece muy frecuentado por el turismo veraniego; ahora muy tranquilo. Un peatón me hace Vs con la mano. Le respondo al saludo y sonrío bajo el casco.

Justo al salir de Aljezur, encontramos indicaciones hacia nuestro próximo destino: Arrifana, y es aquí donde mi moto conoce el gran Atlántico.

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Después de un buen rato de saborear el viento marino, carretera y manta hacia Sagres. Por el camino, me detengo a comer en uno de los numerosos merenderos que flanquean las carreteras lusas. Muy limpio y con todo lo necesario para descansar un rato.

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Bocata de chorizo a la sombra de los pinos. El almuerzo de los campeones…

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Sigo hasta llegar a Sagres y su Fortaleza, soportando vientos importantes, por un “mundo plano como punta de alfiler”. El pavimento típico portugués, con adoquines, me hace recordar lo mal que lo he llegado a pasar en mi XMAX por este tipo de terreno… Ahora, sin problemas!

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Aprovecho para hacer fotos del Cabo do Sao Vicente, que tiene una estampa imponente, y sigo hacia allí.

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El Cabo de San Vicente es un lugar un poco “místico”, algo así como Finisterre. No en vano, aquí se acaba el continente europeo al Sur-Oeste. Leyendas varias sobre el patrón de Lisboa (San Vicente) hablan de este lugar. Debe ser por ello que parece un lugar de peregrinación… Viejas andando, jóvenes corriendo, ciclistas sufriendo al potente viento, triciclos arrastrándose por los arcenes, más viejas, más ciclistas, más de todo… Ad nauseam… Todo este torrente de humanos dirigiéndose hacia un solo punto, sin otra salida que un salto al mar desde más de 60 metros de altura, no presagiaba nada bueno… Mis sospechas se confirman cuando consigo entrever el gran faro del Cabo, uno de los más potentes de Europa, entre cortinas de gente, autocares, un mercadillo de proporciones considerables, puestos de perritos calientes y otras lindezas… Bajo de la moto, hago una foto testimonial, intentando que salga poca gente, y emprendo el regreso…

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En fin, aquí hay que venir en diciembre, me temo, o como los de la foto de abajo….

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El camino de regreso es largo. Como las autovías de Portugal decidieron pasarse al lado oscuro y cobrar peajes, me voy por la vía de los pobres…. Aquí se ve la X a la altura de Portimao:

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El GPS, de cuando en cuando, parece que aprovecha trozos de la autopista de peaje en los que, aunque indican claramente que hay que pasar por caja, no aparecen los arcos que hacen los cargos. Entiendo que me saca del camino de ricos justo a tiempo. Y nada, así seguimos: Cruzando rotondas a millardos, saludando a otros moteros, mirando como los conductores se meten el dedo en la nariz  y contando peatones mientras cruzan delante de mí en los semáforos. Hasta que, en una de las incursiones en la IP1, me paso la salida a Loulé y el GPS, al recalcular, deduce que he decidido probar suerte en la lucha contra el peaje… Me marca sesenta y pico kms, largos, hasta España y caigo en la tentación… Enrosco la mano derecha como si no hubiera mañana, mientras la frontera con España se precipita hacia mí, a un ritmo de consumo nada económico… Me pregunto ¿llegarán las multas a España? Me digo a mí mismo que, incluso la multa, merece la pena con tal de no hacer una rotonda más.

A unos 10 kms de la frontera, empiezo a ver agentes de la Guardia Nacional Republicana parados en los arcenes y mi congoja aumenta… Se reduce la circulación en la autopista a un solo carril mediante conos. Esto tiene la pinta de una encerrona en toda regla… En uno de los apartaderos centrales, llego a contar 10 motos de los “beneméritos” lusos… Cuando ya me veo pasando por caja, después de esperar dos horas a que los agentes me multen, se despeja el misterio… Hay un maratón que va, parece, desde Vilareal de Santo Antonio a Ayamonte, cruzando el puente… Igual por eso me he librado de que me paren. Vaya usted a saber!!

Cruzo el puente y llego a España. Me paro a tomar un café en la primera zona de servicio que veo y, de improviso, me veo rodeado de un autobús de asiáticos que ha decidido hacer lo mismo que yo… Me persiguen las multitudes…

Recorro los kms que quedan hasta casa, intentando volver al modo de conducción económico, y llego a casa. La jornada se salda con 828 kms según el cuentakilómetros de la moto. Esta noche seguro que no tengo problemas para dormir. Memorable día.

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Mapa aproximado de la ruta.

maparuta

5 comentarios en “Portugal, el retorno. El día en que mi moto conoció el Atlántico.

  1. Gracias por el aporte.
    Un rato ameno he pasado leyendo.
    Como curiosidad soy uno de los viejos del Clubxmax. Ya no tengo la xmax, que pasó a la historia.
    Te dejo mi blog por si también te apetece leer algo.
    Un saludo, paisano.

    • Gracias! Me alegra que te haya resultado interesante! Gran moto la Xmax. Muy buenas rutas con ella, aunque ahora voy mejor, la verdad… Y a ti, después de ver tu blog, ni te pregunto… ;)

      Un saludo

      • Cierto, gran moto la Xmax. Buenas rutas me pegué con ella. De hecho yo tuve la 125 y me fui tranquilamente a la primera quedada nacional del club. Jejeje. Lo pasamos bien.
        A ver si coincidimos en alguna ruta, que por lo que he leído… Tenemos gustos similares.

  2. Hola Akira, la verdad que te has pegado un pedazo de viaje,asi nos curtimos los moteros con rodaje uno coge experiencia y conoce mejor a su compañera de aventuras,punto este muy importante para que exista una buena relacion, has hecho una cronica perfecta,yo creo que muchos reporteros no lo hubiesen hecho como tu, las fotos preciosas y lo que mas me gusto la X destacando por encima de todo los paisajes,yo te lo digo por experencia propia pero un buen rodaje a la moto a la larga te lo agradece, para mi la moto es una gran amiga con la que hablo en el viaje, la acaricio y cuando tenemos sed paramos para rehidratarnos y volver a coger, fuerzas para continuar la marcha, ademas de ser una gran valvula de escape para olvidarte de muchas cosas y centrarte en la carretera y disfrutar de la vida.
    Me alegro por ti y la X que sigais juntos muchos kilometros disfrutando el uno del otro, y gracias por subir esrtos viajes que nos ponen los dientes largos, sobre todo a mi ahora ue estoy en el dique seco, pero seguro que cuando vuelva otra vez me hare un megaviaje jajajajaajaj
    VSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

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